FELICIANO CENTURIÓN
Feliciano Centurión (San Ignacio Guazú, 1962 – Buenos Aires, 1996) fue un artista paraguayo cuya trayectoria vital quedó profundamente signada por la experiencia del exilio, el arraigo cultural y la construcción de intensos lazos afectivos e intelectuales en la escena cultural de Buenos Aires durante el último cuarto del siglo XX.
Nacido en el departamento de Misiones, Paraguay, Feliciano creció rodeado por la presencia constante de su madre, tías, hermanas y su abuela. Ellas, le transmitieron un vínculo cotidiano con el universo doméstico y las labores manuales tradicionales de la cultura paraguaya, así como una viva relación con el idioma guaraní como lengua de la intimidad y el afecto.
La tranquilidad de su infancia se vio interrumpida por el contexto político del país sumado a las severas restricciones económicas impuestas por el régimen de Stroessner que afectaron a muchas familias del país que en aquel momento, se vieron obligadas a buscar nuevos horizontes laborales.
Su padre, comenzó a buscar empleo primero en Alberdi, Ñeembucu, localidad ubicada frente a la provincia de Formosa, Argentina. Desde allí Feliciano Centurion (padre) que había conseguido un trabajo del lado argentino, cruzaba a diario al vecino país, junto a sus hijos que estaban escolarizados en Formosa. Así logra adquirir una casa en Formosa lo que posteriormente fortalecería la decisión de emigrar a Argentina en busca de seguridad y un futuro mejor para la familia.
En 1974, a los 12 años, Feliciano y su familia abandonaron Paraguay para radicarse en Argentina, en Formosa, una zona de frontera con una profunda continuidad histórica y cultural con el
Paraguay. Años más tarde, Feliciano terminaría estableciéndose de forma definitiva en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Feliciano, que había iniciado sus estudios formales en el Instituto Superior de Arte Oscar Alberto Albertazzi al mismo tiempo que cursaba el colegio secundario en Formosa, en 1988 egresó de la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano. Ya afincado en la capital argentina, Centurión canalizó tempranamente su vocación por las artes plásticas con una marcada dedicación, así continuó su trayectoria académica graduándose primero como Profesor Nacional de Pintura en la Escuela Prilidiano Pueyrredón y posteriormente, como Profesor Superior de Pintura en la emblemática Escuela Superior de Bellas Artes de la Nación Ernesto de la Cárcova. En estas dos últimas instituciones ejerció activamente la docencia, compartiendo su vocación con nuevas generaciones de estudiantes e integrándose de lleno en la comunidad educativa y artística porteña.
A finales de los años ochenta y durante la década de 1990, Feliciano Centurión se convirtió en una figura central de la vida social y cultural que orbitaba alrededor del Centro Cultural Ricardo Rojas. En este ambiente tejió una red de profunda amistad, complicidades de vida y diálogos intelectuales con destacados artistas y curadores de la época:
· Jorge Gumier Maier: Curador y figura clave del Rojas, con quien mantuvo un vínculo cercano de amistad, intercambio de ideas y refugio vital.
· Pablo Suárez: Artista de trayectoria consagrada que actuó como un referente y amigo personal cercano, compartiendo conversaciones y momentos clave de su vida en Buenos Aires.
· Marcelo Pombo y Omar Schiliro: Amigos entrañables del entorno del Rojas, con quienes compartió el día a día, la vivencia de la noche porteña y el acompañamiento afectivo.
· León Ferrari: Referente de las artes visuales con quien coincidió en la escena local y con quien compartió una mutua empatía humana frente a la realidad social y política de la región.
· Cristina Schiavi, Benito Laren, Graciela Hasper y Alberto Goldenstein: Integrantes del grupo de amigos y colegas que conformaron su círculo social más cercano durante sus años en Buenos Aires.
· Ana López y Heloisa Schneider: junto a quienes compartía su taller de trabajo.
Todas estas amistades del lado argentino, no impidieron que en los sucesivos viajes a Paraguay, Feliciano se fuera vinculando al ambiente artístico de su país. En este contexto sus vínculos más cercanos fueron Marcos Benitez, Veronica Torres, Fatima Martini, Marité Saldivar, Karina Yaluk, Vicente Duré, Carlos Colombino, entre otros.
A mediados de la década de 1990, la vida de Feliciano estuvo atravesada por el diagnóstico de una enfermedad que afectó a gran parte de su generación. Durante esta etapa, sostuvo su cotidianidad rodeado del afecto de sus amigos más íntimos, su familia y su comunidad, manteniendo siempre su trabajo docente y su espíritu cálido.
Feliciano Centurión falleció en la ciudad de Buenos Aires el 7 de noviembre de 1996, a los 34 años. Su recuerdo perdura entre quienes lo conocieron como el de una persona de extraordinaria generosidad, dulzura y profunda sensibilidad humana.